La gota que desbordó el vaso

Publicado el por Redacción de Información Obrera

Categoría:

La muerte de Mari Carmen Abascal, después de más de 8 años de acoso y amenazas de expulsión, es, sin duda, la gota que desbordó el vaso de la indignación social, acelerando o decantando una crisis social y política de consecuencias incalculables.

En primer lugar, ha puesto ante todo el mundo al descubierto una de las mayores explotaciones que sufren los sectores más desfavorecidos de la población, una mayoría de la juventud, los pensionistas y los trabajadores y trabajadoras con menos recursos: el costo de la vivienda. Al tradicional sector rentista del capitalismo español se suman los grandes tenedores internacionales –los fondos buitre- que se han apoderado de cientos de miles de viviendas, con la tolerancia de las instituciones públicas, tanto a nivel central como autonómico y municipal.
Han dejado la vivienda en manos del «mercado» (es decir, de los especuladores). Y apenas han construido vivienda pública (se han acabado 78.977 viviendas protegidas -vivienda de protección oficial o VPO- desde julio de 2018 hasta marzo de 2026). El Estado, en todas sus componentes, es responsable. Las medidas aprobadas a última hora muestran la urgencia del problema… pero, en un análisis concreto, aportan algunas soluciones para quienes ya viven de alquiler, pero no suponen ningún paso para que haya disponibilidad de viviendas baratas para quienes quieren acceder a un alquiler o independizarse.
Frente a ello surge un movimiento, y organizaciones de todo tipo, sindicatos y plataformas, exigen medidas efectivas, que solo pueden abordarse expropiando a especuladores y fondos buitre. Organizan la movilización, buscando el apoyo y colaboración de todas las organizaciones obreras, y, en primer lugar, los sindicatos.
Además, los sindicatos se ven obligados a reaccionar, a relacionar salarios, pensiones y servicios públicos con el costo de la vivienda… Una reacción que pone al descubierto el balance totalmente negativo de la apuesta por el «diálogo social» que hicieron los dirigentes tras la huelga general de noviembre de 2012 contra la reforma laboral de Rajoy, última movilización general convocada por UGT y CCOO, hace nada menos que 14 años.
El balance es abrumador: 20% como media en estos años de pérdida del poder adquisitivo de la mayoría trabajadora. Si la huelga del 11 de noviembre es un cambio de estrategia o una maniobra de autodefensa, la vida lo dirá.
A ello se suma la profunda crisis política y la convocatoria anticipada de elecciones. Las derechas se las prometen muy felices, y se les escapan sus verdaderas intenciones. Por ejemplo, el recorte y privatización de las pensiones. Su programa real, como ha dicho Feijóo, es «sacrificios», o sea, «sangre, sudor y lágrimas».
Confían en un triunfo fácil, ante el desprestigio del Gobierno, pero la explosión social de estos días, donde se juntan las reivindicaciones de vivienda con la juventud estudiantil y los enseñantes, muestra también la inconsistencia del neofranquismo y la brutalidad de sus cuerpos represivos.
Nadie puede anticipar el resultado electoral, pero hay que señalar un hecho: no es lo mismo con la clase obrera movilizada, arrastrando a la población, que si estuviera resignada y viéndolas llegar…
El mayor problema es que ningún programa responde a las aspiraciones de sectores masivos de trabajadores y de la juventud. De ahí que muchos digan: solo sabemos a quién no votar.
Por ello, más que nunca, obrar por el triunfo de la huelga de los enseñantes de Madrid y la huelga general abre la vía a una salida democrática que responda al conjunto de las reivindicaciones.

Redacción de Información Obrera

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *