Una crisis sin tregua

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Categoría: Editorial

El nuevo episodio de la crisis política iniciado en la Comunidad de Murcia y trasladado a Madrid es una nueva expresión de la descomposición del régimen monárquico. En efecto, el PP fundamentalmente, pero también Vox y, en menor medida, Ciudadanos, son la representación política de las instituciones heredadas del franquismo y de los sectores sociales que viven de esta inmensa maquinaria parasitaria heredada de la dictadura, maquinaria institucional que – no lo olvidemos- se ha mostrado insustituible para el capital financiero, pues asegura la explotación de los trabajadores y las leyes antiobreras y liberticidas destinadas a perseguir o, incluso impedir, la movilización y la resistencia de la clase trabajadora, la juventud y los pueblos.

El estado de alarma, decretado con diferentes fases y modalidades desde el 14 de marzo del 2020, y la última vez por cinco meses, es el summum de esta política. Aprovechando la situación sanitaria, se ha utilizado profusamente para intentar acallar las protestas y aterrorizar a un sector de la población, pero no se ha utilizado, por el contrario,  para adoptar medidas extraordinarias para hacer frente a la catástrofe sanitaria y social (por ejemplo, la gestión directa de la sanidad privada o las residencias de mayores, la incautación de industrias para producir mascarillas, EPI o vacunas…).

La pandemia, con su reguero de víctimas, ha podido crecer  a causa del desmantelamiento de la sanidad pública, destrozada por los enormes recortes  sufridos en los últimos años y que sigue con enormes carencias de personal y medios, atendiendo las tareas de antes más la realización de PCR, el rastreo de casos, las vacunas… Y también de la negativa del gobierno a actuar con todos los medios para poner la capacidad productiva al servicio del combate contra la enfermedad. Al contrario, al plegarse a los intereses de las grandes multinacionales, es responsable de la situación de desastre económico, social y sanitario.

Al mismo tiempo, la monarquía y el conjunto de los partidos que viven en y de las instituciones se muestran, con sus mociones de censura, sus enfrentamientos artificiales,  sus compras de lealtades, sus transfuguismos, como algo ajeno a la vida real y los intereses de la población. Pero no de los intereses de  las multinacionales, como impulsores de las privatizaciones y cómplices del desmantelamiento industrial.

El Gobierno se subordina al capital financiero y a la Monarquía

Pueden existir, a pesar de su corrupción congénita -como demuestra el juicio a Bárcenas- por la sumisión del gobierno de coalición a los poderes de las finanzas y a las instituciones del régimen. Gobierno al que no tiembla la mano para imponer millones de multas por la ley mordaza o para prohibir las manifestaciones contra Ayuso o las del 8 de marzo, pero que encuentra todo tipo de problemas e inconvenientes cuando se trata de mínimas reformas progresistas como el tope de los alquileres o la derogación de la reformas laborales.

En este marco, presentarse hoy en Madrid como la oposición a la nefasta Ayuso, es una mistificación, cuando se han prohibido las manifestaciones populares contra ella o se ha dejado huérfana a la población de barrios populares y ciudades obreras que protestaban contra sus medidas de confinamiento clasistas.

Sin duda alguna, las movilizaciones de estos últimos meses, en defensa de la sanidad, de las pensiones, de los servicios públicos, las huelgas obreras contra los despidos, demuestran que la población trabajadora no está dispuesta a soportar los duros ataques que el capital y el régimen exigen.

Desde este periódico obrero trabajamos para ayudar a esta resistencia, estableciendo la relación entre la defensa de las libertades, contra las medidas represivas del estado de alarma, con las reivindicaciones sociales. Y por abrir la vía a una salida política que permita dar satisfacción general a esas justas exigencias, salida que a nuestro juicio exige avanzar hacia la república, república del pueblo y de los pueblos.

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