Los médicos irán a la huelga contra el exceso de jornada
Reducir la jornada máxima del personal médico y de la enfermería de Atención Primaria a las 35 o 37 horas y media, para cubrir con turnos –como se cubre el resto de plantilla- la atención de urgencias 24 horas y las plantas de hospitalización desde las 15 h. y los fines de semana exigiría la contratación de mucho personal.
Los sindicatos médicos han convocado manifestación estatal en Madrid el 14 de febrero, y huelgas intermitentes de una semana contra el Estatuto Marco pactado por el Ministerio de Sanidad y los sindicatos SATSE, UGT, CSIF y CCOO. Reclaman «un estatuto propio del médico y el facultativo», y un marco de negociación separado para los médicos, una exigencia que rompería la unidad de la negociación colectiva, y podría abrir paso a la generalización de convenios-franja para cada profesión, y no sólo en la sanidad.
Pero, más allá de esa petición, hay una reivindicación justa del personal médico: acabar con las guardias de 24 horas y las jornadas laborales de hasta 48 horas semanales de promedio, mejorar la retribución de las guardias.
El Estatuto pactado reduce las guardias a 17 horas (24 solo con acuerdo expreso de los afectados), incrementa los tiempos de descanso antes y después de esas 17 horas, y reduce de 48 a 45 horas la jornada máxima. Pero sigue manteniendo la remuneración de las guardias por debajo del precio de la hora ordinaria (el texto del EM llegó a incluir, durante la negociación, la equiparación, como mínimo, a la hora ordinaria, pero eso fue retirado por exigencia de las autonomías). Y la jornada semanal de 45 horas es una clara discriminación frente al resto del personal, que hace 35 o 37,5 horas.
Al dar la espalda a esa justa reivindicación del personal médico, los sindicatos firmantes refuerzan el argumento de los sindicatos corporativos de que es necesario un ámbito de negociación separado para los médicos.
Estos reclaman la voluntariedad de esa prolongación de jornada y un mejor pago de las horas de guardia. Aunque es difícil que la voluntariedad se aplique, porque la cobertura de urgencias o la atención a enfermos hospitalizados no puede depender de que haya o no voluntarios suficientes en cada centro o servicio, tienen razón en reivindicar un cambio de este sistema. Un cambio que debe empezar a planificarse de inmediato para que sea posible en un futuro lo más cercano posible.
Reducir la jornada máxima del personal médico y de la enfermería de Atención Primaria a las 35 o 37 horas y media, para cubrir con turnos –como se cubre el resto de plantilla- la atención de urgencias 24 horas y las plantas de hospitalización desde las 15 h. y los fines de semana exigiría la contratación de mucho personal. Habría que aumentar las plantillas, lo que puede exigir, además, planificar un aumento de las plazas en las facultades de Medicina y de las plazas de formación especializada. Hasta que eso fuera posible, hay que mejorar de inmediato la remuneración por las guardias, al menos hasta igualarla a la hora ordinaria de trabajo.
Aumentar plantilla y subir el precio de las guardias supondría un mayor gasto, nos responden. Sin duda. Pero Gobiernos que debaten gastar 48.000 millones (3% del PIB) u 80.000 millones (5% del PIB) en gasto militar, no pueden excusarse en que el aumento de gasto que supone acabar con las guardias médicas haría insostenible la sanidad pública.






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