La Comuna de París, primer estado obrero de la historia

Publicado el por Xabier Arrizabalo

Categoría: Formación - Historia del movimiento obrero

Como explicamos en el número anterior, la Comuna de París fue el primer Estado obrero de la historia, que se proclamó el 18 de marzo de 1871 y cuya derrota militar se completó 72 días después, el 28 de mayo. Una experiencia que, pese a su carácter efímero, reveló las enormes posibilidades que se le abren, a cualquier sociedad, cuando se desembaraza de las bases económicas e institucionales de la opresión de la mayoría por una minoría (como de una forma ampliada se verifica inmediatamente del triunfo de la Revolución Rusa en octubre de 1917 y la consecuente constitución de un Estado obrero).

El 4 de septiembre previo se había proclamado la república, tras la derrota del ejército imperial de Napoleón III por el ejército prusiano. Dos semanas después se inicia el asedio de París, que durará hasta el 28 de enero. La situación social es muy grave y se suceden las medidas regresivas, culminadas el 18 de marzo con una orden de Thiers, jefe del gobierno provisional de la república: manda a sus soldados tomar los cañones comprados por suscripción popular. Pero el pueblo de París se alza en armas contra la orden, ante lo que Thiers evacúa las tropas a Versalles. Asume el poder la Guardia Nacional, milicia ciudadana, y ocho días después, el 26, se elige la Comuna de París, que se proclama el 28 tras la dimisión del Comité Central de la Guardia Nacional en su favor.

¿Qué significa todo esto? Que una representación de la clase obrera y otros sectores populares, la Guardia Nacional primero y la propia Comuna después, pasa a ostentar el poder. Ya no existe el Estado burgués, un Estado de la minoría, sino un Estado obrero, un Estado de la mayoría, que abre la perspectiva de que la población   trabajadora logre su emancipación de las cadenas de la opresión basada en la explotación.

¿Por qué decimos Estado obrero frente a quienes hablan de “la ciudadanía de París”? El concepto de ciudadanía es plano, no da cuenta de los sujetos en lucha protagonistas de la sociedad capitalista, que son las clases sociales. La ciudadanía integra a todos los habitantes, también al propio Thiers, salvaje represor de la Comuna en la fase final de su existencia y después. No es el conjunto de ciudadanos de París quienes se levantan, incluyendo todos los Thiers. Quienes se levantan son los explotados de la ciudad de París, que además tienen lazos con los de otros lugares de Francia y más allá.

La insurrección no obedeció a un plan preconcebido. Trotsky lo explica en “Lecciones de la Comuna”: “si el 18 de marzo el poder pasó a manos del proletariado de París, no fue porque éste se apoderase de él conscientemente, sino porque sus enemigos habían abandonado la capital (…) Entonces el proletariado se hizo el amo de la situación (…) La Revolución le cayó encima sin que se lo esperase”.

Y Lenin en su texto “En memoria de la Comuna”: «la Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella».

Entonces, ¿no se trata de una alianza interclasista? Lenin precisa: «sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores».

Es decir, que la toma del poder no fuera resultado de un plan preconcebido no modifica su carácter de clase. Porque el lugar político que ocupa la clase obrera, como ocurrió asimismo en Rusia, va más allá de su peso demográfico. Además, tampoco debe omitirse la tradición organizativa y combativa de la clase obrera, que atesoraba experiencias como, entre otras, la constitución de la Liga de los Comunistas en 1847, la Revolución de 1848 o la proclamación de la I Internacional, la Asociación Internacional de Trabajadores, en 1864.

Favre, quien había sido ministro de Exteriores, de la calaña de Thiers y verdugo de la Comuna como él, declaró: “yo creía que los insurrectos de París no podrían timonear su barca”. Pero claro que la timonearon y con avances que no sólo eran valiosos entonces, sino que hoy día siguen siendo referentes. Las medidas adoptadas, que detallaremos en sucesivos artículos, son la prueba definitiva del carácter de la Comuna como Estado obrero (su carácter de “faz de la dictadura del proletariado” en palabras de Engels, que explicaremos en el próximo artículo). Un Estado que, recién constituido y en el contexto más adverso imaginable, garantiza los servicios para la vida de más de dos millones de personas (en mayo, con la reacción a las puertas de la ciudad, en el distrito XIV se pone en marcha una campaña de vacunación gratuita contra la viruela). Todo esto demuestra que la clase trabajadora puede vivir sin la clase burguesa, al revés no.

Xabier Arrizabalo

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