Acerca de la ampliación de la base de Morón 

Publicado el por Blas Ortega , Redacción Información Obrera

Categoría: Actualidad política

Preparan la guerra…  La ampliación de la base militar de Morón de la Frontera ha pasado desapercibida para la población. Los medios de comunicación no han publicado prácticamente nada al respecto, aunque en diversos medios especializados sí se ha informado del gran despliegue de infraestructuras militares que supone.

La base aérea de Morón tiene una importancia estratégica para la Fuerza Aérea de los EE. UU., que comparte su uso con el Ejército del Aire. La ampliación consiste en pasar de once a más de veinticinco depósitos de munición, preparándola para gestionar grandes volúmenes de esta de forma continuada, gestionarla y redistribuirla; es decir, pasa a convertirse en un punto logístico estratégico capaz de sostener amplias operaciones, como pudiera ser el atacar militarmente el norte de África u otras regiones, como el Oriente Medio; aunque, indudablemente, los primeros perjudicados son los trabajadores y los pueblos de España. 

Los nuevos depósitos están diseñados para almacenar munición de alto riesgo. No se trata de una «modernización» normal, sino de aumentar la capacidad militar para un previsible escenario de conflictos de alta intensidad. La construcción de estos depósitos implica que los altos mandos del Ejército norteamericano y de la OTAN consideran posible un escenario de guerra y se preparan para ella, aunque esto no implique necesariamente una guerra inminente. Claro, que la concentración de recursos de guerra hoy condiciona el futuro; de hecho, una decisión así no se toma de forma improvisada, se trata de una planificación a largo plazo y de una gran inversión que se hace con la previsión de ser usada. 

Una cuestión alarmante es si una instalación militar de este tipo no puede convertirse en un objetivo militar en el caso de un enfrentamiento bélico, qué repercusiones puede tener eso para la población civil. Más alarmante aún es que el Gobierno acepte esta ampliación que lleva aparejada una pérdida de soberanía, una decisión que puede arrastrarnos a un conflicto bélico sin estar formalmente en guerra. Cada vez se hace más evidente que estar contra la guerra implica cerrar las bases norteamericanas y salirse de la OTAN. 

… en beneficio del capital financiero 

La política de rearme impulsada por Trump se concreta en un futuro de guerra, como se desprende de lo anteriormente dicho, pero ¿en beneficio de quién? 

El Gobierno determina su política de Defensa en función de las exigencias del imperialismo estadounidense, que le impone un calendario acelerado de rearme que debería alcanzar, según algunos técnicos, el 5 % del PIB en 2040. Se imponen así las alianzas con la industria militar, con el fin de aumentar el gasto sin tener otras cuestiones en consideración, ya sean las necesidades de vivienda pública, las infraestructuras, etc. Y, financiar a la industria de armamento y adquirir sus productos obliga a diseñar compromisos de pago plurianuales que muy difícilmente pueden revisarse; es decir a orientar el gasto público hacia una economía de guerra. 

Airbus anunció recientemente que 2025 había sido un año récord de ventas (un 20% más de pedidos) y destacó el contrato por 4.000 millones con el Ministerio de Defensa para adquirir 100 helicópteros, que entregará entre 2027 y 2031. 

Los fondos de inversión en compañías de armamento han duplicado su patrimonio, (hasta los 24.000 millones) por los beneficios acumulados y la entrada de nuevos capitales. Estos beneficios y el desvío desde industrias productivas a la especulación en la industria militar vienen alentados por la exigencia de la OTAN de aumentar el gasto militar al 5% del PIB, por la guerra en Ucrania y el genocidio en Palestina, el ataque militar a Venezuela, la disputa sobre Groenlandia, la tensión en el golfo Pérsico, y las ventajas fiscales que dan los Gobiernos europeos a estos especuladores. 

¡Ni un céntimo, ni un hombre para la guerra! 

Para concluir, el incremento del gasto militar, el rearme, conduce al deterioro y privatización de todos los servicios públicos, al desvío de los capitales a la especulación en torno a la producción de instrumentos de muerte y destrucción, y más pronto o más tarde, a la guerra militar. 

Ver en las páginas 7 y 10 de este periódico el llamamiento contra la guerra y la preparación del mitin que se celebrará el 20 de junio en Londres y las necesidades sociales que podrían satisfacerse con los miles de millones del gasto militar. 

Blas Ortega 

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