Agresividad imperialista y política nacional
Trump tiene como principal objetivo -en nombre de los intereses de la burguesía norteamericana- restablecer la hegemonía de los EE. UU., por las buenas o por las malas, e intentar reconstruir las bases económicas de su país, abocado a la desindustrialización galopante.
El ataque a Venezuela se ha producido cuando Donald Trump tenía el peor índice de aprobación de sus dos mandatos, según explica en un artículo de fondo La Vanguardia del 7 de enero. Lo que confirma cómo, en la política de los gobiernos imperialistas, la acción internacional está determinada por los objetivos de la política nacional.
Trump tiene como principal objetivo -en nombre de los intereses de la burguesía norteamericana- restablecer la hegemonía de los EE. UU., por las buenas o por las malas, e intentar reconstruir las bases económicas de su país, abocado a la desindustrialización galopante. Todas las contradicciones de la lucha de clases a nivel mundial se reflejan en los EE. UU., por el lugar que ocupa el Estado norteamericano.
Para conseguir este objetivo, cuenta con un instrumento privilegiado: su enorme poderío militar. Su agresividad es producto de su debilidad interna, que determina la necesidad de utilizar la fuerza.
Una situación que coloca a todos los gobiernos ente una disyuntiva: Hoy, más que nunca, ningún gobierno, en especial en Europa y, por tanto, también en España, puede gobernar a favor de los trabajadores y de la mayoría social sin una delimitación clara en relación a la política imperialista.
Las medidas y declaraciones de Sánchez, como sucede en relación a Palestina, muestran no solo que está a mitad de camino, sino que no ha decidido girar a la izquierda a todos los niveles para poder derrotar a las derechas.
No hay otro camino, y, además, la situación no es desfavorable, los portavoces de Trump, PP y VOX están descolocados. Es el momento. Y los trabajadores, los jóvenes, los pensionistas, los pueblos, lo barruntan, esperan otra política.
Una política independiente del imperio y sus agresiones, en Venezuela, en Palestina o Ucrania.
Que defienda las pensiones y los salarios, y que realice la auditoría de la Caja de la Seguridad Social.
Que acabe con el derroche en armamento y dedique esos fondos a la reconstrucción de los servicios públicos.
Que acabe con los fondos buitre y la especulación inmobiliaria, para liberar viviendas para vivir.
Que deroguen las Leyes Mordaza, la 15/97 y la de Extranjería.
Que cumpla ya la amnistía.
Son medidas simples, democráticas, de sentido común, que tendrían la aprobación de la mayoría.






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