El mitin internacional de Londres, en el centro de los debates de la conferencia anual de Stop The War
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La coalición Stop the War, impulsora en 2003 de las inmensas movilizaciones en Gran Bretaña contra la guerra de Iraq y una de las organizadoras de las poderosas manifestaciones contra el genocidio en Palestina, celebró su conferencia anual en un momento crucial, marcado por la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y el Líbano, y la continuación del exterminio del pueblo palestino. En esta conferencia: una enorme determinación, la voluntad de trabajar por la unidad y la unión indispensable a escala internacional para organizar movilizaciones masivas contra la marcha hacia la guerra. Militantes de todos los ámbitos, sindicalistas, políticos, demócratas, activistas asociativos y ciudadanos, más allá de sus diferencias y particularidades, se encuentran y se unen para preparar el mitin internacional de Londres, en el Central Hall Westminster, frente al Parlamento británico, el próximo 20 de junio. Se celebrarán tres mítines preparatorios en Francia, en Nantes, Lyon y París, los próximos 1, 2 y 3 de abril, con la presencia de militantes británicos de Stop the War. Ponemos a disposición de todos aquellos que preparan estas iniciativas, y a cuantos estén interesados, extractos de las intervenciones en la conferencia anual de Stop the War celebrada el pasado 14 de marzo en Londres.
John Rees
Cofundador de Stop The War
«La era del “imperialismo gánster” surgió a causa del fracaso de la fase precedente del imperialismo. Esta fase se caracterizó por el “nuevo orden mundial” de George Bush, por el Project for the New American Century y por las guerras en Afganistán e Iraq. Sin embargo, estas guerras no permitieron a los imperialistas conseguir lo que querían.
Ellos pensaban que el momento unipolar de la supremacía estadounidense tras la Guerra Fría sería duradero y estable, y que definiría de forma duradera el orden imperialista mundial.
Pero el sueño de esta generación —los Bush, los Cheney, las Condoleezza Rice— se hizo añicos en Iraq y en Afganistán.
Imaginad formar parte de la élite de la seguridad nacional de Estados Unidos y, tras catorce años de guerra para eliminar a los talibanes, encontrarse… con los talibanes todavía en el poder. Imaginad creer que se obtendría la victoria en Iraq y que lo único que se genera son ruinas, descontento y el auge del Estado Islámico.
Es este fracaso el que da rienda suelta hoy a una fase imperialista aún más violenta, sin reglas, cínica y destructiva. Y su representante perfecto es Donald J. Trump. Esto provoca una respuesta imperialista aún más masiva que todo lo que hemos conocido hasta ahora.
Los dirigentes europeos están sumidos en la confusión por Donald Trump. Odian a Donald Trump. Pero su respuesta consiste en copiar a Donald Trump. Trump se rearma. Europa se rearma.
Así, de un extremo a otro del continente, los presupuestos militares y los beneficios de las empresas armamentísticas baten ahora todos los récords, incluidos los de la Guerra Fría.
Rheinmetall, el gran fabricante de armas alemán, ha visto aumentar sus beneficios un 1000% en un año y medio. Mientras Volkswagen despide a 50 000 trabajadores, Rheinmetall habla de adquirir una fábrica de automóviles para transformarla en una planta de producción de tanques.
En todo el continente se habla ahora de reclutamiento y de guerra. Y el reclutamiento se está convirtiendo en una realidad.
En Alemania, Francia, Bélgica y los Países Bajos, ha resurgido el debate sobre el reclutamiento.
Y en este país, ya era una propuesta en el programa electoral de los conservadores en las últimas elecciones, y ahora la retoma Keir Starmer.
Seamos claros: el nuevo imperialismo, la nueva carrera armamentística y los preparativos de guerra ya están en marcha en todo el continente. Y esto es alentado, apoyado y alimentado por una internacional de la extrema derecha.
Está escrito negro sobre blanco en la nueva estrategia de seguridad de Donald Trump que su administración intervendría directamente en la política europea para apoyar y reforzar a las fuerzas de extrema derecha. Eso es lo que significa que Elon Musk financie la organización de una concentración de Tommy Robinson en Whitehall. Se está formando ante nuestros ojos una alianza internacional de extrema derecha.
Por todas estas razones, debemos avanzar y movilizarnos aún más.
Somos una organización de movilización de masas y nunca renunciaremos a esta estrategia. Desde hace una generación, es el método más eficaz con el que cuentan los trabajadores para lograr cambios frente a los gobiernos. Defendemos el derecho a la desobediencia civil pacífica, y hemos apoyado de inmediato a quienes han sido detenidos por participar en las iniciativas de Palestine Action.
Es hora de hacernos una pregunta: ¿qué más debemos hacer? Hay dos caminos posibles. El primero es la movilización internacional. Será necesariamente más eficaz si nos organizamos a escala internacional en lugar de país por país.
Pero aún más importante: ¿cómo puede este movimiento arraigarse en el movimiento organizado de la clase trabajadora? Es realmente notable ver cómo los estibadores italianos se niegan a cargar armas. He tenido la suerte de ver cómo se ha desarrollado su red por toda Europa para impedir el envío de armas a Israel. Y hay que aplaudir los logros de la Conferencia de París.
Rindo el mayor homenaje a los compañeros franceses que tomaron esta iniciativa, llenaron la sala de París y superaron las dudas de numerosos sindicatos, tanto en Francia como en el resto de Europa.
Esta conferencia ha supuesto un paso adelante colectivo en la organización de una acción militante a escala europea. Han acudido delegados de toda Europa e incluso de Estados Unidos.
Ahora queremos reproducir y profundizar este proceso en Londres.
Y debo decir a los compañeros españoles que no hay ningún país en Europa al que prefiera ir antes que a España. La tarea es fácil de formular: reconstruir la solidaridad internacional de la clase obrera contra la austeridad y contra el imperialismo. No hay tarea más importante.
En París hemos tenido un comienzo magnífico. Debemos hacer que Londres se apoye en ese comienzo.
Junto con las organizaciones sindicales internacionales, con los trabajadores, con la izquierda y con el movimiento antiimperialista, podemos construir una movilización europea y mundial contra la guerra, en cada sindicato, en cada centro de trabajo y en cada comunidad obrera.
Este es nuestro objetivo. Es una tarea inmensa. Pero hemos empezado. Hemos demostrado que es posible.
Y os insto a todos y todas a llevar este mensaje a vuestras comunidades, a vuestros lugares de culto, a vuestros sindicatos y a vuestros centros de trabajo. Haced vivir este movimiento.
Porque es el baluarte entre nosotros y un mundo que se parecería al de Donald Trump.
Sean Vernell
Miembro del comité ejecutivo nacional del sindicato UCU (University and College Union, sindicato de trabajadores de la universidad)
¿Cómo construir las bases, los cimientos y las fuerzas necesarias para hacer frente a la situación?
Muchos de los que estamos aquí, en esta sala, llevamos años luchando contra las guerras. Todos sabemos algo muy sencillo: las guerras las libran los pobres y los trabajadores, enviados a matar a otros pobres y a otros trabajadores en nombre de intereses que no son los suyos.
Por eso nos oponemos a la guerra, aquí como en cualquier otro lugar.
Pero la pregunta es: ¿cómo construir un movimiento lo suficientemente fuerte para
detener la guerra? Parte de la respuesta pasa por negarnos a participar en lo que constituye un genocidio.
Y eso empieza en nuestras organizaciones.
Por ejemplo, hemos hecho campaña para que el sindicato UCU adopte una postura de boicot académico contra Israel. Hemos conseguido que se apruebe esta postura.
También apoyamos la moción del sindicato RMT que pedía poner fin a la escalada de la guerra en Oriente Medio. Esta postura fue posteriormente respaldada por unanimidad en el seno del TUC, la confederación de sindicatos británicos.
Pero esto no se logró por sí solo. Tuvimos que organizar campañas, ejercer presión, convencer a los delegados e intervenir en los congresos sindicales.
En el congreso del TUC, conseguimos que se aprobara una moción que cuestionaba el aumento masivo del gasto militar. Era una postura importante, ya que hasta entonces la dirección sindical británica había apoyado esos gastos.
La dirección sindical y algunos responsables intentaron silenciarnos. Decían que oponerse a la industria del sector armamentístico equivaldría a dejar sin trabajo a los trabajadores de ese sector.
Pero eso no es cierto.
Cuando se habla con los trabajadores de esas industrias, muchos de ellos dicen que preferirían utilizar sus competencias para fabricar trenes, autobuses, infraestructuras o tecnologías útiles, en lugar de armas.
La cuestión, por tanto, no es defender los beneficios de las empresas armamentísticas.
La cuestión es saber cómo utilizar las competencias y las capacidades industriales para producir lo que la sociedad realmente necesita.
Por eso son importantes las campañas y las mociones aprobadas en los sindicatos. Contribuyen a crear una cultura internacionalista en el movimiento obrero.Somos internacionalistas. No somos nacionalistas.
Por eso también hemos apoyado una moción en nuestra conferencia sindical que insta a oponerse al servicio militar obligatorio. El regreso del servicio militar obligatorio es un peligro real. Se nos explica que se trata de una elección patriótica.
Pero para muchos jóvenes —sobre todo entre los más pobres— no es una elección. A menudo es la única posibilidad que se les deja.
Cientos de miles de jóvenes de entre 18 y 24 años se encuentran sin empleo. Entonces se les presenta el ejército como una solución. Por eso debemos llevar a cabo una campaña contra esta lógica.
Debemos explicar lo que realmente significa la guerra.
Cuando los jóvenes visitan los campos de batalla del norte de Francia, ven kilómetros y kilómetros de cementerios militares. Ven los nombres. Ven las edades: 18 años, 19 años, 20 años. Esa es la realidad de la guerra.
Y debemos asegurarnos de que eso no vuelva a suceder jamás.
Para ello, hay que organizar a la gente. Hay que construir un movimiento capaz de resistir. Ya hay previstas varias movilizaciones importantes. Por ejemplo, la movilización del 20 de junio, que debe convertirse en un momento de encuentro para el movimiento contra la guerra. […]
Debemos hacer vivir estos debates en cada sindicato, en cada universidad, en cada centro de trabajo. Lo que hacemos en nuestros sindicatos y en nuestros centros de trabajo marca realmente la diferencia, y no está de más contribuir a construir este movimiento».
Micaela Tracey-Ramos
Miembro del comité ejecutivo de Unison (sindicato nacional de servicios, primer sindicato del Reino Unido)
«En nuestra conferencia nacional de delegados, adoptamos una política de oposición firme a las propuestas del Gobierno destinadas a aumentar el gasto militar del 2,3% al 2,5% del presupuesto nacional de aquí a 2027.
Esta postura establecía un vínculo claro entre el aumento del gasto militar y la reducción de la inversión en servicios públicos y necesidades sociales.
También nos enorgullece haber apoyado la moción Wages Not Weapons (salarios, no armas) presentada en el congreso del TUC (Trade Union Congress). Esta moción permitió revocar la política adoptada en 2022 que respaldaba el aumento del gasto militar.
Históricamente, el TUC defendía la política de diversificación de la industria de defensa, es decir, la reconversión de las industrias militares hacia la producción civil. Es esencial que volvamos a esta orientación y que el movimiento sindical retome la iniciativa en la cuestión de la paz.
Pero eso no basta. Debemos ir más allá y ofrecer una alternativa a los trabajadores y a los miembros de nuestros sindicatos.
Recientemente se ha realizado un importante trabajo en el movimiento por la paz en torno a un documento titulado Alternative Defence Review (Revisión alternativa de la defensa). Este documento ha sido decisivo para nuestro sindicato, ya que cuestiona el discurso dominante que justifica la guerra y propone una visión alternativa basada en la paz, la justicia y la seguridad.
Estoy convencida de que los argumentos expuestos en este documento nos permiten desmontar numerosos mitos en torno a la militarización y el empleo.
Muestra cómo la militarización distorsiona las prioridades nacionales, alimenta la inseguridad mundial en lugar de protegernos y desvía recursos que deberían destinarse a los servicios públicos y a las infraestructuras sociales.
También demuestra que el gasto militar es económicamente ineficaz y ecológicamente destructivo, mientras que una economía orientada a las necesidades civiles sería mucho más sostenible y justa.
Es exactamente el tipo de economía que necesitan el movimiento obrero y la clase trabajadora británica.
Por eso es esencial difundir ampliamente estos argumentos en el movimiento sindical y en la sociedad.
Debemos llevar este debate, en particular, a sindicatos como Unite o Prospect, que en ocasiones han adoptado posturas favorables al aumento del gasto militar.
Hay que desmontar el mito de que un mayor gasto militar significa más empleo. Eso es falso.
Es una mentira utilizada para justificar el aumento de los presupuestos militares en beneficio de las empresas armamentísticas, y no en beneficio de los trabajadores.
Estas políticas no benefician ni a los miembros de los sindicatos ni a la clase trabajadora. Benefician ante todo a las empresas armamentísticas, muchas de las cuales ni siquiera son británicas, sino estadounidenses.
La guerra no es una cuestión secundaria. Está en el centro de los intereses de nuestros miembros.
Cuando el Partido Laborista llegó al poder, lo primero que hizo Keir Starmer fue acudir a una cumbre de la OTAN en Washington para garantizar a Estados Unidos que el Reino Unido seguiría apoyando la política militar estadounidense en todo el mundo.
Desde entonces, con la complicidad del Gobierno británico en la guerra de Israel contra los palestinos, la continuación de la guerra en Ucrania y ahora la implicación en la guerra contra Irán —en particular al autorizar el uso de bases militares estadounidenses en elReino Unido—, el Gobierno se ha posicionado claramente como un Gobierno de guerra.
El Gobierno incluso se felicita por llevar a cabo el mayor aumento sostenido del gasto militar desde la Guerra Fría.
Esto significa que el Partido Laborista está sumiendo al país en una economía de guerra.
Hablan de una política de NATO first (la OTAN primero).
Pero, ¿qué significa realmente la OTAN primero para los trabajadores?
Significa llenar los bolsillos de las empresas armamentísticas en lugar de invertir en servicios públicos e infraestructuras sociales.
Significa un ataque a nuestra soberanía nacional, ya que Estados Unidos utiliza bases militares británicas para almacenar armas y llevar a cabo operaciones que matan a civiles.
También supone una complicidad continua en la guerra y en el genocidio contra el pueblo palestino.
Todo esto afecta a los miembros de todos los sindicatos.
La clase obrera británica es, en esencia, contraria a la guerra.
Debemos exigir el cierre de las bases militares estadounidenses en Gran Bretaña, para que nuestro país recupere su soberanía.
Debemos seguir defendiendo la causa de la paz en el movimiento obrero, profundizar nuestra comprehensión del imperialismo y la guerra, y exigir inversiones masivas en los servicios públicos y en la juventud. En lugar de «la OTAN primero», en lugar de «la guerra primero», ¿por qué no decir: la clase obrera y la juventud de Gran Bretaña primero?
Alex Gordon
Antiguo presidente del sindicato RMT (sindicato nacional de trabajadores de ferrocarril, transportes terrestres y marítimos)
«He tenido el placer de trabajar en la redacción de un documento titulado “Alternative Defence Review 2025”. Está disponible de forma gratuita online en la página web de la CND (Campaign for Nuclear Disarmament). Basta con buscar “CND Alternative Defence Review” para descargarlo.
Este documento contiene mucha información útil para el movimiento. Resultó especialmente importante durante el congreso del TUC celebrado en Brighton en septiembre de 2025, donde logramos revertir la lamentable política adoptada por el TUC tres años antes, que abogaba por aumentar el gasto militar en nombre del crecimiento económico.
El pasado mes de septiembre, esta política fue abandonada. El movimiento sindical británico votó por amplia mayoría a favor de sustituirla por una política denominada “Wages Not Weapons” (Salarios, no armas). Esta moción procedía del sindicato University and College Union (UCU).
Quiero aclarar que no soy miembro del UCU. Soy miembro del RMT, pero tuve el placer de apoyar esta moción durante el congreso del TUC en Brighton.
¿En qué punto nos encontramos hoy?
Un año después de marzo de 2025, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anunció un programa que posteriormente pasó a llamarse “Security Action for Europe”, cuyo acrónimo Safe (“seguro”) suena, evidentemente, mucho más tranquilizador.
Este programa promete 800 000 millones de euros de apoyo militar europeo, oficialmente para respaldar la continuación de la guerra en Ucrania.
Pero detrás de estas cifras espectaculares, hay que examinar más de cerca los mecanismos reales.
En realidad, la Unión Europea propone 150 000 millones de euros en préstamos financiados con capital privado, destinados a los Estados miembros para financiar las industrias armamentísticas de Polonia, Escandinavia, Francia, Bélgica y otros países europeos.
Estos préstamos están sujetos a condiciones. Ayer apareció un ejemplo en el Financial Times, y también en el editorial del Morning Star: el presidente de Polonia, Karol Nawrocki, rechazó y vetó un préstamo «Safe» de unos 44 000 millones de euros destinado a Polonia.
La razón que dio es sencilla: Polonia no está en la zona euro y sigue utilizando su propia moneda, el złoty.
Explicó que contratar un préstamo a cinco años a tipo variable con una institución que utiliza otra moneda era una locura económica, ya que nadie puede saber cuánto costará realmente.
Afirmó que este programa permitiría sobre todo a los bancos y a las empresas occidentales lucrarse a costa del pueblo polaco. No es un hombre de izquierdas, pero incluso él puede ver lo que se esconde tras este programa Safe.
Y la explicación es sencilla: este programa no resiste un examen serio. A pesar del evidente entusiasmo de los generales, los traficantes de armas y los políticos burgueses por recortar el gasto público —en educación, sanidad, vivienda o infraestructuras— para financiar el aumento del gasto militar, ningún Gobierno europeo ha logrado aún convencer a su población de que acepte la construcción de una economía de guerra. Están a la defensiva.
No debemos aceptar la idea de que este proceso sea inevitable o irreversible.
La batalla que libramos es una batalla para defender las conquistas sociales que nuestra clase ha obtenido a lo largo de un siglo de luchas.
No debemos abandonar nunca la idea de que podemos defender los servicios públicos frente a quienes buscan enriquecerse gracias al comercio de armas.
Veamos ahora las cantidades en juego y cómo se organiza esta política. En la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en junio de 2025, los Estados miembros se comprometieron a destinar el 3,5% del PIB a la defensa, más un 1,5% del PIB a gastos relacionados con la seguridad de aquí a 2035.
Sin embargo, este apoyo no fue unánime. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien recientemente ha adoptado varias posturas positivas —en particular al pedir a Estados Unidos que abandone ciertas instalaciones militares en España—, calificó este compromiso de irrazonable y potencialmente muy perjudicial para la economía española.
Destacó que la base social para respaldar un aumento masivo del gasto militar es muy débil. Según el FMI, 17 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea ya superan los límites establecidos por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que prevé un déficit público máximo del 3% del PIB y una deuda pública máxima del 60% del PIB.
Tomemos el ejemplo de Francia.
En 2022, el gasto militar francés alcanzó unos 53 000 millones de dólares, continuando con un aumento que se prolonga desde hace ocho años consecutivos. El gasto militar europeo ha superado ya el nivel que tenía al final de la Guerra Fría.
En Francia, el presupuesto militar pasará de 43 900 millones de euros a unos 69 000 millones de euros de aquí a 2030.
En Alemania, el Gobierno ha llegado incluso a suspender la norma constitucional de limitación de la deuda —un principio fundamental de la política económica alemana desde la Segunda Guerra Mundial— para financiar el aumento del gasto militar.
Y aquí, en el Reino Unido, tenemos un Gobierno que se ha comprometido a cumplir el objetivo de la OTAN de alcanzar el 5% del PIB en gasto militar y de seguridad.
El Gobierno ha anunciado que el gasto militar ascenderá al 2,6% del PIB a partir del año que viene, al 2,7% de aquí al final de esta legislatura, y luego al 5% en la siguiente legislatura.
Todo esto responde a una carrera armamentística y a una escalada del gasto militar impulsada por los Gobiernos europeos. Y, sin embargo, los dirigentes que defienden esta política —Keir Starmer, Friedrich Merz y Emmanuel Macron— registran hoy los índices de popularidad más bajos de la historia reciente para dirigentes en ejercicio en sus respectivos países.
Esto pone de manifiesto el fracaso de las clases dirigentes europeas a la hora de obtener el apoyo popular para la construcción de un Estado de guerra».
Jérôme Legavre
Diputado LFI y miembro del POI (Partido Obrero Independiente)
«Queridos amigos, queridos camaradas, me gustaría empezar por agradecer calurosamente a los camaradas de Stop The War su invitación. Siempre es un placer para mí trabajar con vosotros y participar en vuestras iniciativas contra el genocidio del pueblo palestino y contra la carrera hacia la guerra impulsada por nuestros Gobiernos. Debo decir que, desde Francia, las poderosas manifestaciones que se vienen celebrando desde hace más de dos años en Gran Bretaña, y más recientemente contra la guerra en Irán, en particular en Londres, son una poderosa señal de aliento.
El 5 de octubre estuvimos juntos en París en un mitin contra la guerra y contra el genocidio en Palestina. Ese mitin reunió a 4 000 personas, militantes procedentes de toda Europa y de Estados Unidos. Y volveremos a estar juntos el 20 de junio en el mitin de Londres, que, estoy seguro, reunirá a miles de personas, militantes políticos y sindicalistas de numerosos países. Desde lo más profundo de mi corazón, gracias a Stop the War por haber tomado esta iniciativa, en la que participarán varios cientos de militantes y sindicalistas franceses.
Este mitin será en sí mismo un acontecimiento político de gran importancia, en una situación que se agrava rápidamente.
Hace dos semanas, Trump y Netanyahu lanzaron una guerra devastadora contra Irán y el Líbano.
Se han bombardeado depósitos de combustible en Teherán. Esta ciudad de 10 millones de habitantes se ha visto invadida por humos tóxicos. En los primeros días del ataque estadounidense e israelí, 13 hospitales iraníes fueron destruidos. Algunos trabajadores petroleros murieron quemados vivos durante los bombardeos.
Al mismo tiempo, Netanyahu, que pretende anexionar el sur del Líbano, ordenó a setecientos mil libaneses que evacuaran sus pueblos y sus casas. En Cisjordania, al igual que en Gaza, la masacresión del pueblo palestino continúa.
Hace solo unas semanas, Trump intervino militarmente contra Venezuela y secuestró a su presidente, Nicolás Maduro.
En plena guerra contra Irán, ahora amenaza a Cuba.
Netanyahu es perseguido por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Trump libra una guerra interna contra los inmigrantes y contra la clase trabajadora estadounidense.
Y, sin embargo, son estos mismos dirigentes los que se atrevieron a decir: vamos a liberar al pueblo iraní.
En 2001, cuando Estados Unidos y sus aliados ocuparon Afganistán; en 2003, cuando invadieron Iraq; en 2011, cuando el Reino Unido y Francia, junto con Estados Unidos y otros países de la OTAN, invadieron Libia; en 2012, cuando Francia envió a su ejército a su antigua colonia, Mali, en África… en cada ocasión, se explicó a los pueblos que era por la democracia, por la libertad, por la civilización. Cada uno de los países que acabo de mencionar se ha convertido en un cementerio. Todo ello en nombre de la depredación y el saqueo imperialistas.
La realidad es que el imperialismo estadounidense atraviesa una profunda crisis. El sistema capitalista, del que el imperialismo estadounidense es la potencia dominante, se encuentra en un callejón sin salida. Para intentar mantener su posición dominante, el imperialismo estadounidense extiende las guerras y alimenta la carrera armamentística. Saquear y explotar ya no basta; necesita más: necesita la guerra.
Incluso la ONU —la ONU que aprobó y coorganizó el bloqueo de Iraq, que mató a medio millón de niños iraquíes, la ONU cuyas resoluciones sobre Israel han quedado en papel mojado—; incluso la ONU es superflua para Trump. Todo el mundo entiende lo que eso significa… incluso el Financial Times escribió: “bored of peace”, es decir, aburrido de la paz.
En Europa, prácticamente todos los Gobiernos se alinean con Trump, a excepción de España.
En Francia, Emmanuel Macron ha decidido involucrar a Francia en la guerra contra Irán.
Es, al fin y al cabo, la consecuencia lógica de su complicidad en el genocidio del pueblo palestino.
Macron desempeña un papel activo en la carrera armamentística y en la marcha hacia la guerra. Recientemente se ha puesto en escena como jefe de guerra en la base francesa de submarinos nucleares y ha declarado: Francia debe adquirir ojivas nucleares adicionales, ampliar su disuasión nuclear a escala europea incluyendo a los británicos, los alemanes, Polonia… Al mismo tiempo, la maquinaria propagandística funciona a pleno rendimiento.
El jefe del Estado Mayor del Ejército francés ha declarado: los franceses deben estar dispuestos a sacrificar a sus hijos…
Lo más interesante, sin embargo, es que, a pesar de la campaña encarnizada e ignominiosa llevada a cabo por Macron y sus aliados, difundida día y noche en la televisión, las radios y en la prensa contra La France Insoumise y Jean-Luc Mélenchon, a pesar de las amenazas de muerte y las provocaciones, más de 12 000 nuevos miembros se han afiliado a LFI en las últimas semanas, y todas nuestras reuniones están a rebosar. Su campaña destinada a criminalizar y prohibir a LFI es, hasta ahora, un completo fracaso. Porque hay resistencia. Porque hay una voluntad irresistible de romper con los belicistas.
Quisiera aprovechar esta ocasión para agradecer a la coalición Stop the War el mensaje de apoyo que nos enviaron tras la infame campaña que pretendía responsabilizar a LFI de la muerte de un joven neonazi durante una pelea callejera —un admirador de Adolf Hitler al que Macron, los socialistas y la extrema derecha rindieron homenaje en la Asamblea Nacional.
Quisiera dar las gracias a John Rees y Alex Gordon, que aceptaron venir de gira por Francia a principios de abril para preparar la concentración de Londres y para reunirse con los numerosos sindicalistas que quieren luchar contra la marcha hacia la guerra y que se ven frenados por unas direcciones que han guardado silencio ante el genocidio de los palestinos y que ahora nos explican que la industria armamentística salvaría los puestos de trabajo industriales amenazados, especialmente en la industria automovilística. […]
Quisiera dar las gracias a Lindsey German, Kate Hudson, John y Chris Nineham, que han contribuido en gran medida a hacer posible este trabajo conjunto entre militantes, diputados y sindicalistas franceses y británicos.
Por nuestra parte, lo decimos claramente: fuera las manos de Irán, el Líbano y el pueblo palestino.
A las mentiras de los dirigentes que pretenden liberar a los pueblos bombardeándolos, oponemos el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
En un momento en que miles de personas han perecido bajo los bombardeos: alto el fuego inmediato.
Cese de los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán y el Líbano.
Al Gobierno francés le decimos: ¡retiren las tropas!
En un momento en el que ya no cabe duda de que nuestros Gobiernos se preparan para la guerra, estamos convencidos de que es la movilización de los pueblos la que detendrá esta carrera hacia el abismo y abrirá una salida.
Lo que puso fin a la guerra de Vietnam fue la heroica resistencia de los pueblos, primero del pueblo vietnamita, luego de la clase obrera y la juventud estadounidenses.
Ahora nos toca a nosotros.
¡Adelante hacia el mitin de Londres!
- Pepe Álvarez, secretario general de la Unión General de Trabajadores de España (UGT a nivel nacional y confederal), ha firmado un llamamiento en el que declara: «Ante la escalada del belicismo y la carrera armamentística, hacemos un llamamiento a participar en todas las movilizaciones e iniciativas contra la guerra, como la organizada en Londres el 20 de junio, que ya cuenta con el apoyo de varios parlamentarios, sindicalistas y militantes españoles y europeos».
- Klaus Zwickel, expresidente de IG Metall (Alemania) y expresidente de la Federación Internacional de Trabajadores Metalúrgicos, ha firmado el llamamiento para el mitin de Londres.
Han llegado ya cientos de firmas de 24 países: Alemania, Austria, Bélgica, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Irlanda, Italia, Kazajstán, Palestina, Portugal, Rumanía, Rusia, Serbia, Suecia, Suiza, Ucrania, Polonia, Noruega
Entre los primeros firmantes
PARLAMENTARIOS:
Amiot Ségolène (Francia, LFI); Belarra Ione (España, Podemos); Castel Laura (España, Grupo Republicano); Cathala Gabrielle (Francia, LFI); Cernon Beranger (Francia, LFI); Chikirou Sophia (Francia, LFI); Corbyn Jeremy (Gran Bretaña); Coulomme Jean-François (Francia, LFI); De Masi Fabio (Alemania, BSW); Delgado Varas Lorena (Suecia, La Izquierda del Futuro); Demirel Özlem Alev (Alemania, Die Linke); von der Schulenburg Michael (Alemania, BSW); Edis Mirze (Alemania, Die Linke); Gohlke Nicole (Alemania, Die Linke); Ince Cem (Alemania, Die Linke); Leboucher Élise (Francia, LFI); Legavre Jérôme (Francia, LFI); Martin Elisa (Francia, LFI); Mesmeur Marie (Francia, LFI); Montero Irene (España, Podemos); Nosbé Sandrine (Francia, LFI); Obono Danièle (Francia, LFI); Portes Thomas (Francia, LFI); Riazat Daniel (Suecia, La Izquierda del Futuro); Salvador Duch Jordi (España, Grupo Republicano); Sánchez Javier (España, Podemos); Santana Noemi (España, Podemos); Serra Isa (España, Podemos); Stange Julia C. (Alemania, Die Linke); Sultana Zarah (Gran Bretaña); Taché Aurélien (Francia, LFI); Thévoz Sylvain (Suiza, Partido Socialista Ginebrino); Trickett Jon (Gran Bretaña, Partido Laborista); Valent Aaron (Alemania, Die Linke); Velarde Martina (España, Podemos).
SINDICALISTAS:
As Yusuf (Alemania, Ver.di, presidente del Comité Federal de Migraciones); Audoux William (Francia, Renault); Ba Awa (Francia, enseñanza); Boiston Xavier (Francia); Bourges Anthony (Francia, Thales); Brandau Britta (Alemania, Ver.di); Capron Aude (Francia, enseñanza); Cla- mens Fabienne (Francia, Seguridad Social); Crépin Kévin (Francia); Dalakoyorgos Antonis (Grecia, presidente de la Unión Panhelénica de Marineros de la Marina Mercante); Delrue Benjamin (Francia, sanidad); Diverres Loïc (Francia, arsenal de Toulon); Duttine Armin (Alemania, Ver.di); Eifler Ulrike (Alemania, IG Metall); Ester Espigares (España, Secretaria comarcal de UGT del Vallés occidental) García Cano Pablo (España, John Deere Ibérica); García Cupertino Mari Pau (secretaria general de UGT Servicios Públicos Valencia Sur); Gil Yolanda (España, secretaria internacional de la Federación de Salud CCOO); Gordon Alex (Gran Bretaña, expresidente de RMT); Hamam Nabil (Francia, sanidad); Heathcote Fran (Gran Bretaña, secretario general de PCS); Heckl Norbert (Alemania, Ver.di Stuttgart); Henriques Rafael (Portugal, dirigente del sindicato de médicos – región centro); Hodson Ian (Gran Bretaña, presidente de BFAWU); Jouteux Stéphane (Francia); Krämer Ralf (Alemania, Ver.di); Krupp Gotthard (Alemania, Ver.di); Le Roc’h Michel (Francia); Lepeix Benoit (Francia, Thales); Livartowski François (Francia, servicios públicos); Loyau Siegfrid (Francia, Seguridad Social); Magnus Axel (Austria); Nivoi José (Italia, portavoz del Colectivo de Estibadores y Portuarios de Génova y sindicalista de la Unión Sindical de Base Mar y Puertos); Pattin Franck (Francia); Pavlovi Zoran (Serbia, expresidente del sindicato de Correos); Penin Philippe (Francia, metalurgia); Petit Astrid (Francia, sanidad); Popescu Mugurel (Rumanía, presidente de la federación sindical Hermes); Porte Tirapo Jorge (España, secretario general de la UGT Tarragona); Poullet Clément (Francia, enseñanza); Rieken Jörn (Alemania, IG BAU Berlín); Rouvier Sylvain (Francia, Exail); Thyrêt Joséphine (Alemania, Ver.di); van Hagen Jan (Alemania, Ver.di); Verzeletti Céline (Francia); Virly Brice (Francia, Instituto Geográfico Nacional); Wanceulen Marie José (España, miembro del consejo confederal de CCOO); Zwickel Klaus (Alemania, expresidente de IG Metall y expresidente de la Federación Internacional de Trabajadores Metalúrgicos).
ARTISTAS:
Abdalla Khalid (Gran Bretaña, actor); Ayala David (Francia, actor nominado a los César); de la Cruz Herrera Enriqueta (España, escritora y periodista); Ernaux Annie (Francia, premio Nobel de Literatura); Keramidiotis Yorgos (Grecia, cineasta y documentalista); Kunzi Daniel (Suiza, cineasta).
Y TAMBIÉN:
AbdelFattah Awad (Palestina, Campaña por un Único Estado Democrático); Teresa Aranguren Amezola, (España, Periodista especializada en información Internacional del mundo árabe y zonas en conflicto); Baroud Ramzy (Estados Unidos, redactor jefe de Palestine Chronicle); Belkodja Yessa (Francia, cofundadora del Colectivo de Defensa de los Jóvenes de Mantois); Bellou Abdel (Francia, profesor de medicina de urgencias, presidente de Global Network on Emergency); Benjamin Medea (Estados Unidos, Codepink); Braun Reiner (Alemania, Oficina Internacional por la Paz); Cardona Beatriu, (España, portavoz de Intersindical Valenciana); Collo Marta y Granato Giuliano (Italia, portavoces de Potere al Popolo!); Ramón Franquesa Artes, Damián Rodríguez García, Francisca López Fernández, María Teresa Blázquez, Encarnación González Triguero y Juan Miguel Fernández, (España, portavoces estatales de COESPE); Daly Clare (Irlanda, exdiputada europea); Däubler Wolfgang (Alemania, profesor de Derecho Laboral); de Brabander Ludo (Bélgica, Vrede); Jose Manuel de Pablo, (España, concejal de Santurtzi, Bizkaia, Elkarrekin Santurtzi Podemos / Ezker Anitza-IU / EQUO Berdeak); Eyschen Christian (Francia, portavoz de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento); Frydas Litsa (Grecia, Comité Internacional de Liberación Comunista); Marisa Gadea (España, concejal de Alternativa vecinal de Sopela) ; Garcés Vicent, (España, Izquierda Socialista, ex europarlamentario PSOE); González Luis, (España, ex miembro del Consejo Confederal de CCOO): González Mariscal Ana Isabel (España, primera teniente de alcalde de Getafe); Guillaume Martine (Francia, abogado); Martínez Silvia, (España, secretaria general de UPTA-(UGT) Euskadi); Mireia Mendoza Nolla (España, regidora por ERC en Sant Boi); Mora Elsa, (España, concejala IU Yepes); Hunko Andrej (Alemania, exdiputado del Bundestag, presidente de la BSW de Renania del Norte-Westfalia); Noy Orly (Palestina, periodista); Pagani Rémy (Suiza, exalcalde de Ginebra); Pappé Ilan (Gran Bretaña, historiador); Peovi Katarina (Croacia, copresidenta del Frente de los Trabajadores, exdiputada); Rees John (Gran Bretaña, Stop the War) Carlos Sánchez, (España, Profesor de universidad y miembro de la dirección de Izquierda Unida); Cristina Serna (España, regidoa de Podemos en Sant Boi; Repaji Milena (Serbia, presidenta del Partido de la Izquierda Radical); Ruiz Robles Manuel (España, excapitán de navío de la Armada); Traoré Diangou (Francia, LFI, activista de los barrios populares); Wright Ann (Estados Unidos, exdiplomática y excoronel del Ejército).
ORGANIZACIONES:
Bertrand Russell Peace Foundation (Gran Bretaña); Campaign for Nuclear Disarmament (Gran Bretaña); Codepink (Estados Unidos); Izquierda Roja (Dinamarca); La Paz desde Abajo (coalición ruso-ucraniana); Parti ouvrier indépendant (Francia); Stop the War (Gran Bretaña); Unión de la Izquierda postsoviética (Rusia-Ucrania-Kazajstán).






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